Transplante de corazón

Angel Castellanos


“Te echo de menos” me dijiste.
¡Qué ironía!. Cuántos días, que sumados se convirtieron en meses y éstos a su vez en años, deseé escuchar de tus labios esas palabras.
Cuantas veces anhelaba escuchar esas palabras como tratamiento para el dolor de mi corazón.
Hoy las has pronunciado al finalizar nuestra conversación tras un encuentro casual.
Y me he sentido culpable. Sí, culpable.
Tu marcha desgarró mi corazón. He tardado mucho en coserlo otra vez. Demasiado. La medicina moderna es capaz de conseguir que el corazón de una persona muerta empiece una nueva vida en el cuerpo de otra y no es capaz de curar el mismo órgano en situaciones como ésta.
“Te echo de menos” me dijiste.
Pero tú ya no eres el dueño de mis pensamientos, de mis dudas, ya no siento que tus palabras son teorías y fórmulas nuevas, ya no me hipnotizan tus cuentos, tus historias...

“Te echo de menos” me dijiste. Y me he sentido culpable. Sí, culpable porque tuve que aprender a no amarte. Culpable porque he dejado de amarte.

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