Embrasse moi

Edward Weston




Te veo reflejado en los espejos, en todos y cada uno de los rincones de la casa.
Oigo tu voz.
Siento tus manos sobre mi piel. Percibo el aire cálido y ardiente de tu respiración sobre mi cuello. Tu respiración anhelosa, encendida, cálida. Experimento un placer infinito cuando tus labios besan mi cuello. No puedes reprimir abrir, a cada bocado, un poco más tus labios. Tu lengua, materia en fusión, sale lentamente por el cráter volcánico de tu boca al exterior. Lava de tu ser, oculta y escondida, degusta mi oreja derecha. Inclino la cabeza, sumida en placer, para facilitar la deglucción. No se conforma. Con valor, denuedo e intrepidez absorbe con los labios la sangre de mi vena yugular.
Empiezo a jaderar por efecto del cansancio.
Cuando apenas hay un halo de sensatez y cordura en mí, totalmente entregada, me deguellas con los dientes. Me consumes apresuradamente y con ansia.
Las manos que rodeaban mis caderas, sujetan ahora mi cuerpo inerte.
Tu mano izquierda está sobre mi espalda, impidiendo que la flojedad e incapacidad que me invade me haga desplomar. Tu mano derecha ha persuadido a mi camiseta para que la deje pasar a mi cuerpo. Yo tampoco me habría negado. Con el camino diáfano, asciende, apenas sin rozar la piel, electrizando mi cuerpo.



No hay comentarios.: