Que el viento se lleve las dudas de mi piel

Me sonries. Y me coges de la mano, y mientras servimos las copas me enseñas mi pasado. Y otra vez, delante de mí, la boca se me hace agua. Mi cuerpo se estremece, te busca, y mi mano te mece y mi mano se excita, y mis ojos te desean no sé si tanto como mi cuerpo.
Me sonríes, y en el mismo instante que me sonríes tus labios me besan.
Y no hay nadie en el local que se dé cuenta que lo que tú y yo tenemos no se podrá jamás explicar.
Y otra vez, ahí está, la boca se me hace agua.
Y al repartir las copas, volvemos a la barra a por nuestras cervezas, y no aparto mi mirada de ti, porque me muero si tu no estás, y porque si estás... me sonríes, y en el mismo instante que me sonríes recuerdo cómo lo hacías. Insistes en tus recuerdos. Y me miras entera. Y mis pezones fríos bajo el vestido, agradecen tu entrega, y ya en el punto algido de lo irremediable...
Y nos deshacemos de la multitud que nos acompaña, nadie va a sospechar de nosotros. Silencio en el taxi. Tus miradas me hacen temblar, me vuelcan el alma, me iluminan. Me llenan de deseo, y mi cuerpo necesita mirarte y sentir cómo penetra lentamente esa mirada en mí. Miradas como las tuyas que son de verdad, de siempre, de cerca, de sonrisa.

Y no sé qué me pasa...

Entonces... llega el recuerdo...

No hay comentarios.: