Tu silencio ya era el adiós que no me atrevía aceptar, porque quería que me lo dijeras sin titubear. Y dulce y tierno, te despediste, besándome diferente.
Y tus palabras por más tiernas que fueron, no lograron mi corazón tranquilizar, y una daga clavaron sin poderlo remediar.
Y esos ojos verde mar, que nunca más volveré a mirar, me decían con frialdad, no te amo más.
Y esa esquina, que muchas veces con su sombra nos cubrió, lejana de mí se encontrará.
Y las baldosas testigo de nuestra entrega total, se irá con los recuerdos de nuestra felicidad.
Y la luna, que nos acompañó por nuestros paseos románticos por la ciudad, se preguntará qué pasó, y como responderle que el amor se terminó.
Fue un sueño nada más, que nos hizo huir de la realidad, sin futuro, sin preguntas, disfrutando con intensidad los efímeros momentos, que fueron una falacia nada más. Fue un sueño hermoso, y debía despertar, sabía que no había futuro ni un mañana desde tiempo atrás.
Te amé y eso es verdad, y si no lo sentiste, seré fácil de olvidar, pero quedarán los poemas, las cartas y correos y demás cosas, como prueba de mi amor y de mi adiós.
Dedicado a Celia.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario