Estoy agotada, cansada. Siempre necesito ver las cosas desde diferentes ángulos antes de salir corriendo cuando mi mundo comienza a derrumbarse. No puedo hablar de fortaleza cuando siempre estoy reconstruyéndome.
Esta vez, como tantas otras, soporto muros ajenos, que al chocar consiguen crear grietas que al final acabarán desestabilizándome y comenzaré a romperme. Y aviso que todo el mundo tiene un límite hasta el cual soporta y todo desastre tiene sus antecedentes.
Mientras tanto sumo y sigo.
Siento abismos entre mi mundo y el resto de planetas, abismos que existen dentro de mi cabeza y mi corazón.
Me agota razonar pretendiendo mostrar con ello que nadie se ha movido, que todo sigue igual. Y que hay que mirar alrededor, que nadie debería exigir un giro ego-céntrico para alumbrar su camino.
Ya no creo en nada, me alejo de esas certezas que idolatré como una ilusa:
1. Cada uno da lo que recibe.Y luego recibe lo que da (o al menos una parte...).
2. Nada es más simple.No hay otra norma: Nada se pierde. Todo se transforma...(¿Yo estuve creyéndome eso durante más de media vida?)
Me siento vacía.
Para llenarme otra vez necesito tiempo y tomar aire.
Además de tomar aire, necesito tomar parte. Necesito tomar parte de la luz y una inyección de corazón. ¿Alguien podría prestarme un pedacito del suyo? ¡¡Por favor!! alguien puede prestarme un pellizco de su órgano para alimentar el mío, para que vuelva a latir fuerte, diciéndome que estoy viva, que tengo hambre y que tengo frío.
Nada dura siempre, agradeceré que la lluvia, de nuevo, dé paso al sol. Necesito caminar hasta encontrar un circo donde recuperar la magia y la ilusión.
Quizás ya esté rota...
... y nadie se ha dado cuenta.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario