Tengo el alma llena de colores con momentos tuyos.

Después de tanto tiempo, un día como ayer, te veo. Y es como que se me corta la respiración, a ratos. Nunca se está suficientemente preparado para afrontar cierto tipo de realidades. Quizá el refranero tenga razón al afirmar que ojos que no ven, corazón que no siente.
Yo no sé ser de otra manera. Me sale cariño y ternura al verte. Pero no es lo mejor, no ahora.

Y es que esa mirada...

Me siento desnuda. No puedo abrir del todo el corazón, pero tú sacas la llave oxidada y te plantas ahí, sin ni siquiera poder mirarme. El tiempo juega con los corazones olvidados, supongo.

-¿Te puedo preguntar una cosa? ¿eres feliz?
-Bueno, me podría ir mejor, pero también peor. ¿Y tú?
- Yo no.

Y tiemblas, no de frío precisamente, y tu cara cambia de color.
-Estás muy guapa
-Tú también, ¡te veo muy bien!

Y te veo, el cambio de tu expresión, de cuando no me viste, a cuando si. Del principio de la conversación, al después. De una sonrisa a una mueca de tristeza. Ojos caídos.
Tanto por hablar, por decir, y las palabras se atascan en la garganta. Forman una bola con el dolor, impidiéndote el paso del aire.

Y después de todo: Adios.




Ya es hora de volver a casa. Llueve. Y camino bajo la lluvia, por si al caer las gotas sobre mi cara y mi cuerpo se llevan ese sentimiento hasta el suelo.

No hay comentarios.: