Amar en tiempos revueltos

Ella estaba frente a Él, vulnerable y a la vez orgullosa en su desnudez, tan sólo cubierta por una máscara de suave terciopelo negro que ocultaba sus facciones, en aquella noche de disfraz y sombras que traía promesas llenas de sensualidad y placeres prohibidos...

Sentía como la excitación iba apoderándose de su cuerpo poco a poco, simplemente notando sus ojos oscuros sobre ella, que reflejaban posesividad y deseo mientras recorrían en silencio cada parte revelada a ellos… sin ninguna prisa por averiguar siquiera quién se ocultaba tras aquella mascara, aunque percibiendo los sutiles temblores que la embargaban y disfrutando esa conocida sensación de poder inusitado sobre aquella… diría desconocida?

No del todo, ya que había algo familiar en su deliciosa figura, de curvas bien definidas y suave piel, cuya palidez destacaba en aquella penumbra tan solo iluminada por la luz calida e indirecta de algunas velas repartidas por la estancia… algo conocido en los suspiros que escapaban de aquellos finos labios entreabiertos, cuando acercó con calma una de sus manos hacia la sensible y fina piel de su cuello, el cual se ofrecía sin resistencias a sus caricias.

Ella cerró sus ojos ante aquel acercamiento tan… sutil y al mismo tiempo intenso, ya que le permitía abrirse a aquel… desconocido? que parecía conocerla tan bien, incluso entrar en sus caóticos pensamientos e intuir que no debía acelerar el proceso para hacerla suya… que todo llegaría a su debido tiempo… y algún día, se desprendería de aquella máscara para siempre…


¡¡Feliz cumpleaños!!



PD: el mejor regalo fue pasar la noche contigo.


Si vienes a mí, hazlo vestida...
Vestida con tus juicios y prejuicios, con tus dudas y tus miedos.
Vestida con tu noche y el silencio de tus secretos inconfesables.
Vestida con tus celos y tus recelos, con la mirada baja de quien siente el rubor de la vergüenza.
Si vienes a mí, no vengas desnuda... Ni de cuerpo ni de alma.
Llega a mí con la dulce timidez de quien no se atreve a llamar, con la confusa sensación de haberte equivocado de camino, con el pulso acelerado por el temor agridulce a lo desconocido.
Si vienes desnuda, date la vuelta. Vístete primero.
Que para alcanzar la libertad de tus deseos, has de llegar vestida.
Vestida de ti misma, de lo que eres, de lo que piensas, sientes y deseas.
Si llegas desnuda, no creeré en ti.
Si vienes desnuda, puedes marcharte...
Porque no podrás entregarme tu desnudez, si ya estás desnuda...




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