Volvía a casa y hoy no me he apresurado a atravesar el paso de peatón que hay bajo el Paseo Arco de Ladrillo. Me he parado pacientemente mientras el muñequito cambiaba a color … `azul´. Cuando el estado era inminente se me ha hecho la oscuridad de golpe.
_¿Quién soy?_ me susurran al oído.
Debes conocerme bien, te has retirado pronto para que el recuerdo de tu olor no busque en mi memoria. Además debes de tener bastante confianza conmigo para jugar a taparme los ojos.
_ Traviesa, ¿a que estás desafiando al semáforo contando cuánto falta para el cambio?
Esbozo una sonrisa. Sé la respuesta porque sólo tú sabes eso de mí. Eres un regalo hoy…
Es moreno y tiene el cabello enredado, largo y abundante.
_ No quiero hablar contigo._ le reprocho intentando simular un enfado que jamás podría dirigir hacia él.
_ Perdóname, perdóname._
Me implora mientras junta las manos en señal de perdón. Espera mi respuesta pero mantengo el silencio, sólo le miro a los ojos. Esos momentos transcurren entre la lenta densidad del silencio, del recuerdo. Ha sido sólo un segundo pues su mano coge mi cara y me la acaricia en un gesto de afecto infinito, de complicidad y a la vez de indulto. Inclino la cabeza con intención de apresarle y cierro los ojos. No quiero que su palma deje de hacerlo, mientras le dibujo en la oscuridad, y el corazón se me detiene. Tiemblo, tiemblo, tiemblo…
Sonríe. A cada sonrisa, sus labios dibujan una graciosa y pequeña mueca en forma de eme dejando al descubierto la carencia de la primera muela tras el incisivo de la mandíbula superior. En la mejilla izquierda, cerca de la nariz, luce una diminuta cicatriz, apenas una mota. Creo que conozco las dos sonrisas más bonitas del mundo, la de él es una de ellas. Es abierta, sonora, contagiosa, uno de los mayores espectáculos del mundo.
Habla en respuesta a una pregunta mía, pero no lo escucho. Es trabajo, sólo trabajo. Me limito a seguir trazando cada una de sus formas, sus gestos, a plasmar en el presente los momentos en los que jugábamos, jugábamos con todo y lo hacíamos a todas horas, como niños caprichosos y malcriados. Jugábamos con el tiempo y nos burlábamos de él, tratando de sacarle de sus casillas y coloreándolo a nuestro antojo. Jugábamos tanto si llovía como si lucía el sol. Jugábamos con lo serio, convirtiéndolo en un presente de infancia infinita, y jugábamos con tu risa, haciendo de ella la única norma, y el santo y señal de todas las cosas. Jugábamos con los colores y los sueños de depositados en una paleta. Jugábamos con el gusto por los lápices, con la fiebre que dan las ganas, con el egoísmo de lo turbio y la vanidad más reprochable. Incluso jugábamos con la carne, aunque lo negaremos tres veces si hace falta.
Sólo le he visto una vez serio, cuando pronunció un: “Ven” …
…Y yo no me atreví a seguirle.
Nos despedimos con una invitación a cenar en mi casa …
_ Sólo si llevo yo la cena y te vistes de princesa, jajajaja._ me dice mientras.
Sus palabras me embriagan y mis ojos le miran traspasándolo.
_ ¿Como la última vez que llevaste pizza y cervezas de lata?
_ ¿No te gustó?, Jajajaja mientras vuelva a acompañar esa hipnotizadora melodía que es su sonrisa con una caricia en mi mejilla.
Por supuesto que me gustó. Jamás olvidaré esa noche en la que te presentaste con la cena y esperaste en las escaleras de mi casa mientras llegaba una hora tarde. Subir viendo asomar tu figura por la barandilla mientras tus ojos chispeantes por un par de cervezas me daban la bienvenida… Me seducen estos detalles sencillos. Esa noche nos comimos la pizza fría y con el brío del alcohol en el cuerpo, bebí por última vez tus labios, nos apartamos de lo cuerdo y acabamos extraviando la amistad, enterrando el regusto a hiel en nuestras conciencias para disfrutar de una noche con palabras de amor entre trago y trago.
Desde entonces han pasado ya unos años.
_ Mejor te invito a cenar en un restaurante en condiciones._ sentencio.
Me da miedo que entres por esa puerta, no sé si te dejaría salir. Te pediría que te quedaras a dormir conmigo y me abrazaras fuerte, muy fuerte, que permitieras apoyar mi cabeza sobre tu pecho escuchando tu corazón, rozando tu piel yo te acunaría, a tientas, a ratos a oscuras y otras con la luz de las velas; y que me quieras un rato, real y utópico a la vez, fugaz; y te contaría un cuento a ciegas… y por la mañana nos despediríamos con un adiós no dicho del todo…
Todo lo que no sé decir, lo escribo.
Es mejor que no vengas, tengo miedo a que te excuses con una sonrisa porque yo … necesito un abrazo que me haga sentir.
... y de fondo
Será
Será mi corazón,
será este viejo hotel,
que no llamó
ni para intentarlo otra vez.
Seré yo,
será él,
nos aplastó el miedo a perder.
Será que se ha juntado todo
que lo quiero a mi modo,
que empiezo a deber, no lo sé
será, que el invierno es muy largo
que no hago pie en el barro,
que estoy sola otra vez...
Será el alcohol,
que no duermo bien,
de noche los fantasmas me vienen a ver.
Será que yo,
todo me lo jugue,
no sé de donde tirar,
no sé en lo que creer.
Será,
que siempre apunto alto
que ser fiel es tan saldo
que me sobreestime, no lo sé...
Será,
serán los treinta y tantos,
que me arden los labios,
por besarte otra vez...
Otra vez...
Otra vez...
Otra vez...
Será...
Será...
Será...
Será...
Que se ha juntado todo,
que lo quiero a mi modo,
que empiezo a deber, no lo sé,
no lo sé...
No lo se...
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